Antes de la construcción del Cementerio de Disidentes de Valparaíso, no se permitía sepultar en terreno consagrado a quienes no profesaban la religión católica. Por ello, algunos eran lanzados al mar, otros eran conducidos de noche a lugares secretos en las afueras de la ciudad y enterrados a gran profundidad, mientras que a los más afortunados se les permitía descansar en los fuertes y otros lugares cerrados, evitando así la profanación de sus tumbas.
El caso más antiguo del que se tiene registro data de 1814, cuando algunos tripulantes que fallecieron en la fragata norteamericana Essex durante el Combate de Valparaíso, fueron inhumados en el “castillo de los gobernadores”, es decir en el fuerte San José. Durante su demolición en 1827, los cuerpos embalsamados fueron encontrados bajo la gran bandera y trasladados al cementerio que nos ocupa. Tanto en 1814 como en 1827 gobernaba en Valparaíso Francisco de la Lastra.
En 1822, el capitán de la fragata Inglesa Doris, quien había fallecido mientras doblaba el Cabo de Hornos, fue desembarcado en Valparaíso. Cuenta su esposa Maria Graham, que el gobernador José Ignacio Zenteno, de forma muy liberal, le ofreció un espacio que había reservado en el Castillo de San Antonio, donde se le permitió efectuar todas las ceremonias y honores de su Iglesia. Mismo destino tuvieron el Capitán de Navío Guillermo Wilkinson y el Teniente Coronel de Infantería Jaime Charles, quienes combatieron por Chile durante la guerra de Independencia. El viejo castillo fue demolido en 1846 y los cuerpos llevados al cementerio por iniciativa de Roberto Simpson.
Charles, quien murió heroicamente en 1819 combatiendo en Pisco, permaneció en Valparaíso hasta 1918, cuando fue trasladado al Cementerio General de Santiago. En 1978 volvió a la región y desde entonces reposa en la Escuela de Infantería de Marina en Las Salinas.
Por otro lado, Thomas Bennett recuerda a una señora inglesa que había sido envenenada y fue enterrada a gran profundidad en un descampado detrás del Hospital Militar, el cual se ubicaba en las cercanías de la actual iglesia de los Padres Franceses. El mismo autor relata también la historia de un guardiamarina de la fragata británica Hyperion, quien se le dio sepultura en la playa frente al fuerte, cuya tumba fue profanada al día siguiente.
Dado que estos casos se hacían comunes, en 1819 un grupo de extranjeros protestantes residentes en el país, solicitó al Gobierno autorización para comprar en las inmediaciones de Santiago y Valparaíso terrenos apropiados para hacer los ritos fúnebres de acuerdo a su religión.
O’Higgins respondió que “Estos actos en nada contrarían los de nuestra Religión Católica. Ellos se han conducido hasta el día con la mejor política, sin mezclarse directa ni indirectamente en materias de creencia.” Por ello, decretó la concesión de lo que pedían.
Aun así, pasarían unos años para que el proyecto se volviera realidad.
En 1822, María Graham contaba que “...en una meseta que está a unos 80 o 100 pies sobre la ciudad, está el nuevo cementerio o panteón; el gobierno ha tomado algunas medidas muy prudentes para evitar que se continúen haciendo inhumaciones en la ciudad o en sus alrededores. Sin embargo, las preocupaciones que se aferran al antiguo cementerio, no permiten que se ocupe el nuevo conforme a la intención de sus fundadores. Separado de él solamente por una muralla se halla el sitio que la superstición católico romana ha asignado por fin a los herejes para sus sepulturas, más bien dicho, que se ha permitido que compren los herejes.”
Más adelante agrega que “Este sitio de reposo se halla en medio de una hermosa situación: algo elevado sobre el plan, rodeado de cerros, mira hacia el Océano a través de huertos y olivares; si es verdad que los espíritus rondan sobre sus despojos mortales, aquí, por lo menos, se verán rodeados de “formas y vistas deliciosas”.”
Sin embargo, aún no se tenía claridad de la situación legal del futuro Cerro Panteón. En un oficio dirigido por el gobernador José Ignacio Zenteno al ministro del Interior, fechado en 6 de junio de 1825, dice que “Según los informes que he podido adquirir parece pertenecer al Estado el terreno que había anunciado al Señor Cónsul de S. M. B. como el más adecuado para erigir un Panteón. Y ya que U.S. se ha servido prevenirme por su honorable oficio del 3 que en semejante caso proceda a su avalúo y enajenación, trataré desde luego de adquirir en la materia la ilustración conveniente para obrar en consecuencia.”
Pero el sitio parece que no pertenecía al Estado, ya que un mes después los herederos de Luis Venegas vendieron a la ciudad “...todo el plan de la loma que está al costado del Este de la Casa de Pólvora en la Quebrada de Elías alias de Cofré (...) con el destino de hacer panteón en dicha loma y con la obligación de permitir por sus tierras la apertura de uno o dos caminos carriles que necesiten para el trafago de cadáveres...”
Acto seguido, el procurador de la ciudad vendió al Cónsul General de Su Majestad Británica C. R. Nugent 45 varas de estas tierras, con la “...obligación de labrar el Camino Carril para la subida no solo de los cadáveres que vayan a sepultarse en el panteón de protestantes, sino los de los Católicos que vayan al panteón que va a erigir la Ciudad en las tierras sobrantes.”
Para la construcción del camino, poco después doña Dolores Cárdenas vendió “a beneficio del establecimiento de un Panteón que van a erigir los extranjeros de esta ciudad de la iglesia protestante todo el terreno necesario...” en la quebrada de Juárez. Lo mismo hizo José de la Rosa en la quebrada de Cofré o Elías, en un terreno de su propiedad inmediato al anterior.
Al año siguiente, el agente y tesorero de los extranjeros de Valparaíso Federico Scholtz exponía que sus representados habían “...trabajado un Camino Carril con enormes gastos y sacrificios en su apertura y compra de terrenos y está ahora ocupado en levantar un puente ancho, sólido y muy costoso...” beneficiando no solo al panteón de los protestantes sino también al de los católicos, la población de la quebrada y “además ha estado facilitando mucho el trajín a la Casa de Pólvora.” Por ello, solicitaba que se le vendiera un resto de terreno inútil para la ciudad ubicado hacia el sur del que habían comprado previamente “...hasta el estrecho de una garganta,” lo que les fue concedido.
En diciembre de 1826, una nota del periódico Telégrafo Mercantil y Político daba cuenta de los funerales de James Davidson, antiguo capitán del buque Dryad. Se comentaba también los trabajos realizados en el cementerio, como el camino construido a gran costo y el muro perimetral que estaba en ejecución. Hasta entonces, no menos de 37 personas habían sido enterradas en el lugar.
La primera noticia que tenemos de la calle Dinamarca por el costado del Este, es una compraventa de 1831 en la quebrada de San Juan de Dios, cuyo fondo “... linda con el Panteón de los Ingleses, dejando una calle de por medio de diez varas de la línea que se va formando...”
Siendo directores el capellán D. W. Armstrong, Jorge Wormald y Enrique W. Ward, el cementerio fue ensanchado y mejorado en 1849. En esta época aparece la capilla, inexistente en el plano de la ciudad de 1848, pero que figura construida en el de 1854. Se ubicaba al centro del cementerio, donde hoy está la Plaza Memorial de los Inmigrantes. No tenemos mayor información de sus características ni de su historia, pero se observa en numerosas fotos hasta principios de la década de 1930, cuando presumiblemente fue demolida. Esto se deduce también porque en parte de su emplazamiento hoy existen algunas sepulturas de la década de 1940.
En 1875, David Trumbull, como secretario del Cementerio de Disidentes, solicitó permiso para construir una casa para el mayordomo y una cochera, además de componer el camino haciéndolo adecuado para el paso del carro mortuorio. Esto último fue rechazado, porque lo que entonces era sólo un sendero, pasaba por un terreno ajeno. El acceso se debía mantener frente a la entrada del Cementerio Católico.
En 1896, el cementerio alcanzó su extensión actual al incorporar una pequeña sección al sur este que compró a la municipalidad, tomando la línea de una calle proyectada que hoy corresponde a Dinamarca.
Finalmente, en 1902 se construyó el edificio de acceso, donde se ubica la casa del administrador, el cual fue restaurado en 2011.
GALERÍA FOTOGRÁFICA
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| El cementerio en 1854. |
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| En 1876 |
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| A la izquierda, el oratorio en 1872. |
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| El oratorio a principios del siglo XX |
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| Los cementerios vistos desde la quebrada Elías en 1834. A la derecha se observa la entrada al de Disidentes. |
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| Hacia 1852. A la derecha se observa el oratorio con su cúpula. |
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| Arriba a la izquierda, el oratorio hacia 1863. |
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| El cementerio después del terremoto de 1906. A la izquierda, se alcanza a ver parte del oratorio, con un muro destruido. |
BIBLIOGRAFÍA
- John Marsh. El Cementerio de Disidentes y la participación británica en Valparaíso. En Michelle Prain (editora), Legado Británico en Valparaíso.
- Thomas Bennet. A voyage from the United States to South America performed during the years 1821, 1822, 1823.
- Richard Longeville Vowell. Campañas y Cruceros en el Océano Pacífico.
- Maria Graham. Diario de mi Residencia en Chile.
- Raúl García Fernández. Valparaíso Intrahistoria
- Roberto Hernández. Valparaíso en 1827
- Recaredo Santos Tornero. Chile Ilustrado
Periódicos
- Telégrafo mercantil, 1826
- Boletín de las Leyes i Decretos del Gobierno. 1819 – 1820.
- Revista de Marina nº 724
Archivo Nacional de Chile
- Fondo Notarios de Valparaíso. Vols. 32 y 38
- Fondo Ministerio Interior. Vol. 66
- Fondo Conservador de Valparaíso. Vols. 63 y 70
- Fondo Ministerio de Marina. Vol. 85
- Fondo Municipalidad de Valparaíso. Vol. 44
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 8 de julio 2026








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